Herpes genital durante el embarazo y el parto
El herpes genital es una infección causada habitualmente por el virus herpes simple tipo 1 o tipo 2. Durante el embarazo, la preocupación principal no suele ser la salud de la madre, sino la posibilidad de transmitir el virus al recién nacido durante el parto.
El riesgo depende de si se trata de una primera infección o de una reactivación, del momento en que aparecen los síntomas y de la presencia de lesiones al comenzar el trabajo de parto. La valoración obstétrica permite elegir las medidas más seguras para la madre y el bebé.
| Situación | Riesgo para el bebé | Manejo habitual |
|---|---|---|
| Primer episodio cerca del parto | Más elevado | Antivirales y posible cesárea |
| Infección conocida con brotes previos | Generalmente bajo | Vigilancia y tratamiento preventivo |
| Lesiones o pródromos durante el parto | Riesgo de contagio | Puede recomendarse cesárea |
| Sin lesiones ni síntomas en el parto | Bajo | Parto vaginal en muchos casos |
Qué ocurre durante el embarazo
El virus puede permanecer inactivo en los nervios y reactivarse en distintos momentos. Los brotes suelen causar ampollas, úlceras, picor, ardor o dolor al orinar, aunque algunas personas no presentan síntomas visibles.
En la mayoría de los casos, el herpes genital no provoca problemas graves durante la gestación. Sin embargo, una infección primaria —la primera vez que una persona adquiere el virus— requiere atención especial, sobre todo si sucede en las últimas semanas, cuando todavía no se han desarrollado suficientes anticuerpos protectores.
El momento de la infección cambia el riesgo
Cuando la madre ya tenía herpes antes del embarazo, los anticuerpos pueden ofrecer cierta protección al bebé. Por eso, una recurrencia al final de la gestación suele implicar menos riesgo que una primera infección cercana al nacimiento.
El peligro aumenta si el virus se adquiere poco antes del parto, porque el organismo no dispone de tiempo suficiente para generar defensas. La transmisión neonatal puede producir lesiones en la piel, afectar los ojos o comprometer el sistema nervioso, aunque es poco frecuente y necesita atención inmediata.
Síntomas, pruebas y diagnóstico
El diagnóstico puede basarse en la exploración de las lesiones y en una muestra tomada de una ampolla o úlcera. Las pruebas de sangre pueden ayudar en situaciones concretas, pero no siempre indican cuándo ocurrió el contagio ni si existe riesgo de transmisión durante el parto.
Es importante informar al equipo médico sobre antecedentes de herpes genital, brotes recientes, contacto sexual de riesgo o síntomas como hormigueo y ardor en la zona íntima. Estos signos pueden aparecer antes de las lesiones y se conocen como síntomas prodrómicos.
Medicación y prevención durante la gestación
Los antivirales como aciclovir o valaciclovir se utilizan para reducir la duración de los brotes y la eliminación del virus. En el embarazo, su uso debe ser indicado por un profesional, quien valorará la semana de gestación, la frecuencia de las recurrencias y el estado general de la madre.
En algunas embarazadas con antecedentes de herpes recurrente se plantea un tratamiento supresor desde alrededor de la semana 36. Las medidas preventivas pueden incluir:
- Evitar relaciones sexuales durante lesiones, ampollas o síntomas de aviso.
- Usar preservativo, recordando que no elimina por completo el riesgo.
- Evitar el contacto genital si la pareja tiene un brote activo.
- No aplicar aceites esenciales, bicarbonato u otros remedios caseros en lesiones sin indicación médica.
Cómo se decide la vía del parto
La presencia de ampollas, úlceras o síntomas prodrómicos al comenzar el parto puede llevar al equipo obstétrico a recomendar una cesárea. Esta decisión busca reducir el contacto del bebé con secreciones infectadas durante el paso por el canal vaginal.
Si no existen lesiones ni molestias compatibles con un brote, muchas mujeres pueden tener un parto vaginal. La cesárea disminuye el riesgo, pero no lo elimina por completo; por eso también son importantes los antecedentes, el tratamiento preventivo y una evaluación cuidadosa.
Durante el trabajo de parto conviene comunicar cualquier ardor, dolor, picor u hormigueo genital, aunque no haya ampollas visibles. Las decisiones se toman de forma individual según la historia clínica y la exploración.
Vigilancia del recién nacido
Después del nacimiento, el personal sanitario puede observar al bebé con especial atención si hubo un brote materno reciente, lesiones durante el parto o sospecha de infección primaria. En determinadas circunstancias se realizan pruebas y se administra tratamiento antiviral preventivo o terapéutico.
Los familiares deben consultar con urgencia si el recién nacido presenta ampollas, fiebre, irritabilidad intensa, somnolencia inusual, dificultad para alimentarse, problemas respiratorios o convulsiones. La infección neonatal puede comenzar con signos poco específicos, por lo que no conviene esperar a que aparezcan lesiones evidentes.
La información general no sustituye la valoración de un obstetra, una matrona o un especialista en enfermedades infecciosas. Lo que debe recordarse es que el herpes genital suele poder manejarse durante el embarazo, pero una primera infección cerca del parto y cualquier lesión o síntoma en ese momento requieren atención médica inmediata.