Cómo se transmite el herpes zóster y quiénes tienen mayor riesgo
El herpes zóster, conocido también como culebrilla, aparece cuando el virus varicela-zóster se reactiva después de haber permanecido latente en el sistema nervioso. Por eso, una persona que desarrolla esta enfermedad no “contrae” el zóster de otra persona como ocurre con un resfriado.
Sin embargo, el virus sí puede pasar desde las ampollas del zóster a alguien que nunca tuvo varicela ni recibió la vacuna. En esa persona, la infección puede causar varicela, no herpes zóster. Comprender esta diferencia ayuda a evitar contagios, especialmente en hogares donde conviven personas vulnerables.
La transmisión depende sobre todo del contacto con el líquido de las vesículas. La información general sobre las infecciones por herpes puede ampliarse en esta guía sobre herpes y sus tipos, aunque cualquier situación concreta debe valorarse con un profesional sanitario.
Qué ocurre dentro del organismo
Después de la varicela, el virus varicela-zóster permanece inactivo en grupos de nervios. Años o décadas más tarde puede reactivarse y desplazarse por un nervio hasta la piel, donde produce dolor, ardor, sensibilidad y una erupción agrupada, generalmente en un solo lado del cuerpo.
El zóster no suele contagiarse por la simple presencia de la persona afectada. El riesgo aparece cuando alguien susceptible entra en contacto con el líquido de las ampollas o, en ciertos casos, con partículas procedentes de las lesiones. Mantenerlas cubiertas reduce considerablemente la posibilidad de transmisión.
Vías de contagio más habituales
El contacto directo con las vesículas abiertas es la vía más clara. Puede ocurrir al tocar la erupción, cambiar un vendaje sin protección o entrar en contacto con prendas y materiales contaminados recientemente por el líquido de las ampollas. Lavarse las manos después de cualquier contacto es fundamental.
Una persona con zóster localizado y lesiones cubiertas suele contagiar menos que alguien con varicela. No obstante, conviene evitar compartir toallas, ropa, sábanas o artículos que hayan rozado la zona afectada. El contacto casual, como sentarse cerca o conversar, normalmente no transmite el virus si las lesiones están protegidas.
Cuándo puede transmitirlo
El riesgo comienza cuando aparecen las ampollas llenas de líquido. La persona deja de ser contagiosa cuando todas las lesiones se han secado y formado costras, algo que suele ocurrir en un periodo aproximado de siete a diez días, aunque la evolución puede ser más lenta.
Antes de que surja la erupción, el dolor o el hormigueo del zóster no suelen transmitir el virus. Tampoco se considera contagiosa la piel que no presenta lesiones. Aun así, cubrir el sarpullido y seguir una higiene cuidadosa durante toda la fase activa es una medida prudente.
Personas con mayor riesgo
El riesgo de desarrollar zóster aumenta con la edad, especialmente a partir de los 50 años. También es mayor en personas con defensas debilitadas por cáncer, trasplantes, infección por VIH, tratamientos con corticoides u otros medicamentos inmunosupresores.
El estrés intenso, algunas enfermedades crónicas y ciertos tratamientos pueden contribuir a la reactivación, aunque no siempre es posible identificar una causa concreta. Haber tenido varicela es el principal antecedente, mientras que la vacunación reduce la probabilidad de padecer zóster y sus complicaciones.
Quiénes deben evitar el contacto
Las personas que nunca tuvieron varicela o no están vacunadas pueden desarrollar varicela tras exponerse al virus. Deben extremar las precauciones las embarazadas sin inmunidad conocida, los recién nacidos y quienes tienen un sistema inmunitario debilitado.
| Persona expuesta | Posible consecuencia | Precaución recomendada |
|---|---|---|
| Adulto sin varicela ni vacuna | Varicela | Evitar contacto con las lesiones |
| Embarazada sin inmunidad | Riesgo para la madre y el feto | Consultar pronto tras una exposición |
| Recién nacido | Infección potencialmente grave | Mantener distancia y avisar al pediatra |
| Persona inmunodeprimida | Mayor riesgo de complicaciones | Evitar la exposición y pedir orientación médica |
| Adulto vacunado o con antecedente confirmado | Riesgo generalmente menor | Mantener higiene y cubrir la erupción |
Medidas prácticas para cortar la transmisión
El cuidado cotidiano debe centrarse en impedir el contacto con el líquido de las ampollas y en identificar pronto a las personas que podrían haber estado expuestas.
- Mantener la erupción limpia, seca y cubierta con ropa holgada o un apósito adecuado.
- Lavarse las manos con agua y jabón después de tocar la piel o cambiar un vendaje.
- No rascar, reventar ni manipular las ampollas.
- Evitar el contacto directo con embarazadas, bebés y personas inmunodeprimidas hasta que todas las lesiones tengan costra.
- No compartir toallas, ropa, sábanas ni objetos que hayan tocado la erupción.
Si se sospecha zóster, conviene buscar valoración médica cuanto antes, sobre todo cuando el sarpullido aparece cerca de los ojos, en la cara o en el oído. Los antivirales funcionan mejor cuando se inician pronto y pueden disminuir la duración y algunas complicaciones.
El dolor persistente después de que desaparece la erupción, llamado neuralgia posherpética, también requiere atención. Una evaluación profesional permite confirmar el diagnóstico, indicar tratamiento y decidir si las personas expuestas necesitan medidas preventivas.
Cuidar las lesiones, limitar el contacto con personas vulnerables y consultar rápidamente ante los primeros síntomas son pasos eficaces para reducir la transmisión. Ante una exposición de riesgo o una erupción dolorosa, contacta con un profesional sanitario sin esperar a que las ampollas empeoren.