Prevención del herpes zóster en personas mayores de 50 años
El herpes zóster es una infección causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Después de la primera infección, el virus permanece en el organismo y puede volver a activarse años más tarde, especialmente cuando disminuyen las defensas o aparece alguna enfermedad crónica.
La edad es uno de los principales factores de riesgo. A partir de los 50 años aumenta la posibilidad de desarrollar una erupción dolorosa y también complicaciones como la neuralgia posherpética, un dolor que puede continuar durante semanas o meses después de que desaparecen las lesiones.
La prevención combina vacunación, seguimiento médico y atención a los primeros síntomas. Las medidas concretas pueden variar según el país, la disponibilidad de vacunas y el estado de salud de cada persona.
Por qué aumenta el riesgo con la edad
Con el envejecimiento se produce una reducción gradual de la respuesta inmunitaria, un proceso conocido como inmunosenescencia. Esto puede facilitar que el virus latente se reactive. El riesgo también puede ser mayor en quienes tienen diabetes, enfermedades autoinmunes, cáncer o trastornos que debilitan las defensas.
Algunos tratamientos, como los corticoides a dosis elevadas, ciertos fármacos inmunosupresores y determinadas terapias oncológicas, también influyen. Haber tenido varicela no protege completamente frente al zóster; de hecho, es la condición que permite que el virus permanezca de forma latente en los nervios.
La vacunación como medida principal
La vacuna recombinante contra el herpes zóster, conocida habitualmente como Shingrix, es la estrategia preventiva más eficaz para reducir el riesgo de enfermedad y de neuralgia posherpética. En muchos programas sanitarios se recomienda para adultos a partir de los 50 años y para personas adultas inmunodeprimidas, aunque la edad y los criterios pueden variar.
Generalmente se administra en dos dosis. El intervalo habitual es de dos a seis meses, pero puede ajustarse en personas con inmunosupresión. La protección no depende de haber padecido zóster anteriormente: muchas personas que ya tuvieron un episodio pueden seguir beneficiándose de la vacunación, siempre que un profesional determine que es apropiada.
Qué conviene revisar antes de vacunarse
Antes de recibir la vacuna, es importante informar sobre alergias graves, embarazo, enfermedades recientes y medicamentos que afectan al sistema inmunitario. También debe comunicarse si se ha recibido una vacuna anterior contra el zóster, para que el personal sanitario indique el esquema adecuado.
La vacuna recombinante no contiene virus vivos. Sus efectos secundarios más frecuentes son dolor, enrojecimiento o inflamación en el lugar de la inyección, además de cansancio, dolor muscular, escalofríos o fiebre leve durante uno o varios días. Estos síntomas suelen ser temporales, pero una reacción intensa requiere valoración médica.
| Situación | Medida preventiva habitual |
|---|---|
| Persona de 50 años o más | Consultar la vacunación recomendada en su país |
| Sistema inmunitario debilitado | Valorar la vacuna y el intervalo con el especialista |
| Antecedente de herpes zóster | Preguntar cuándo es conveniente vacunarse |
| Erupción activa o fiebre importante | Posponer la vacunación hasta recibir indicaciones |
| Dolor persistente tras las lesiones | Solicitar evaluación para prevenir o tratar neuralgia |
Hábitos que ayudan a proteger las defensas
Ningún hábito garantiza evitar el herpes zóster, pero mantener la salud general puede favorecer una respuesta inmunitaria adecuada. Dormir lo suficiente, seguir una alimentación variada, realizar actividad física adaptada y controlar enfermedades como la diabetes o la hipertensión son medidas útiles a largo plazo.
También conviene acudir a las revisiones médicas y no suspender tratamientos prescritos por cuenta propia. El estrés intenso no es una causa única, pero puede coincidir con periodos de mayor vulnerabilidad; por eso, organizar el descanso y buscar apoyo para manejarlo puede ser beneficioso.
Reconocer pronto los signos de alarma
El zóster suele comenzar con ardor, hormigueo, sensibilidad o dolor localizado en una zona de la piel. Después aparecen grupos de ampollas, normalmente en un solo lado del cuerpo y siguiendo el trayecto de un nervio. En ocasiones hay fiebre, cansancio o dolor de cabeza.
Se debe buscar atención médica cuanto antes, especialmente si la erupción está cerca del ojo, en la cara, dentro del oído o se extiende ampliamente. Los antivirales funcionan mejor cuando se comienzan pronto, por lo que no conviene esperar a que las ampollas desaparezcan por sí solas.
Durante el episodio, es recomendable mantener las lesiones limpias y cubiertas, evitar rascarse y lavarse las manos con frecuencia. Una persona con ampollas activas puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que nunca tuvo varicela ni fue vacunado, aunque esa persona desarrollaría varicela, no herpes zóster.
Recomendaciones prácticas para mayores de 50 años
- Consultar el calendario de vacunación y confirmar si corresponde recibir dos dosis.
- Informar al profesional sobre inmunosupresores, cáncer, enfermedades crónicas y vacunas previas.
- Mantener controladas la diabetes y otras afecciones que puedan reducir las defensas.
- Solicitar atención temprana ante dolor, hormigueo o ampollas localizadas.
- Evitar remedios caseros irritantes sobre la piel y no reemplazar el tratamiento indicado.
La información sobre prevención y cuidados debe utilizarse como orientación general, no como diagnóstico individual. Puedes revisar el descargo sanitario del sitio y comentar estas medidas con un médico, farmacéutico o centro de vacunación. Actuar antes de que aparezca la erupción ofrece la mejor oportunidad de reducir el riesgo y sus complicaciones.